lunes, 8 de septiembre de 2008

Hablando de lejanías

Me topé con tu recuerdo que vive a dos cuadras de mi casa
guarecido en un portón congelado en el tiempo,
viendo pasar al mundo que dejamos tras los tontos que fuimos.

Ya no eres tú, aclaro, me topé con tu recuerdo, no contigo.

Todavía se ve joven, todavía no le pesan los años,
es un buen recuerdo, algo amargo, pero bueno.
Se le nota la alegría en el rostro
está esperando que alguien llegue
está esperando a mi recuerdo.

Tiene las piernas torneadas y el busto firme,
los hombros altos y la cintura breve;
los ojos son los de antaño, con los que me veías,
la boca, la boca siempre fue un problema, pero era mía.

Pobrecillo, tu recuerdo anda entre la lluvia,
se le han mojado los pies, y yo no puedo hacer nada
porque sólo es un recuerdo, eso es, las gotas tampoco están sobre tu cuerpo,
también son gotas de pasado, que no mojan sino a través
de las lágrimas que salen de mis ojos, mojando la visión de tu recuerdo.

Tu recuerdo seco y mis ojos húmedos.

Ahí vengo yo, ahí te miro, ahí sonrío, ahí me apuro con mi sombrilla
donde cabe el mundo, porque tu recuerdo es el mundo de mi pasado,
y entramos, y nos perdemos entre las sombras de un portón viejo
con la soberbia de los enamorados, los que creen que lo pueden todo,
pero nada se puede hacer cuando el enemigo vive dentro,
no sabíamos todavía que seríamos recuerdos.

Hablando de lejanías, estoy afuera de tu casa, acariciando a tu recuerdo,a tres pasos de tu puerta, pero a mil años de ti.

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