lunes, 8 de septiembre de 2008

Dios me libre de ser religioso

Los últimos días un buen amigo me invitó a unirme a una asociación llamada Ateos Mexicanos. Yo no me considero ateo pero sí un poco agnóstico, por lo que entré a su sitio web y estuve leyendo un rato. Sinceramente sentí algo de lástima porque creí que el asunto era un poco más serio y menos agresivo.

Me explico. Yo creo que existe Dios pero no tengo la suficiente soberbia como para creer que lo entiendo ni mucho menos para hablar en su nombre y no confío en las religiones por varios motivos, pero especialmente, por ser un medio de división social.

A Dios lo busco sin tener que andar tratando de convencer a otros de que existe y trato de que mis actos provoquen en mí más alegría que culpas, con eso estoy en paz. Me crié entre católicos y cuando tenía quince años tuve la inquietud de vivir la religión de manera personal y por voluntad propia. Fui acólito, estuve en un coro, hasta comí un par de veces con Norberto Rivera invitado por un amigo sacerdote. En el cenit de mi aventura apostólica-romana, decidí entrar al seminario. El destino y las cosas que viví dentro de la iglesia, me hicieron poner en duda mi vocación y decidí que ese no era el camino. A los diecisiete deje de ir al a iglesia y hasta hoy no he regresado.

Alguna vez, con parientes cercanos, fui duramente criticado por el simple hecho de poner en duda la validez del celibato sacerdotal cuando yo todavía era parte de la comunidad católica. Me regañaron, me agredieron verbalmente, algunos hasta la fecha no me hablan como lo hacían antes y eso ya tiene casi diez años.

Otras veces he sido llamado mundano, amigo del inicuo, desagradecido hombre del mundo; todos estos halagos hechos por testigos de Jehová con quienes tuve tratos, no religiosos pero sí personales desgraciadamente y lo digo porque eran malas personas, no por sus creencias.

Mis vecinos -que cuando llegaron hace un año eran muy amables-, me encuentran y parece que han visto al demonio. Debo aclarar que tengo por vecinos a una familia cuyo jefe es pastor de una comunidad Evangélica y su esposa -la cual está casi todo el día en casa-, ha escuchado mis blasfemas conversaciones, mis alegatos religiosos y las canciones que de vez en cuando tienen alguna referencia al diablo, como esa del muchacho satánico, la de no dejes qué, de Caifanes o algunas de letras blasfemas de Silvio Rodríguez. Allá Dios que será divino, yo me muero como viví...

Cuando ensayo -lo cual sucede casi diario- la honorable señora se toma la molestia de cantar desaforadamente cosas ininteligibles con una voz grotescamente gutural y chillona, o pone un cassette de un pastor de claro origen sudamericano que se la pasa agrediendo a los que no somos parte de su secta y atormentando por sus actos a los que sí lo son, todo esto con clara dedicatoria para mí.

Alguna vez tratando de entrar a una sinagoga, fui invitado amablemente a encaminar mis pasos a la calle por un par de vigilantes enormes y fríos que detrás de sus palabras ocultaban sus intenciones, nada nobles, por cierto. Todo me delataba, comenzando con el hecho de ser moreno, apellidarme Estrada y no Tawil o llamarme Ricardo en vez Abraham y una lista enorme de diferencias, y es que creo que definitivamente no tengo facha de judío.

Resumo. He buscado en las religiones y tengo una marcada tendencia a acudir a ellas por ayuda cuando no sé de que se trata la vida, pero lo que he encontrado es un mundo de gente con los mismos miedos que yo agudizados por prejuicios e ignorancia. Me he topado con dogmas irreconciliables, con sacerdotes católicos hipócritas, con testigos de doble moral, con judíos racistas –suena raro, pero cierto-, con evangélicos que no quieren conocerme.

Me iba a refugiar en el ateísmo hasta que leí que tienen un decálogo, un manual del buen ateo.

¿No es contradictorio? Están haciendo la religión del ateísmo cuando debería ser todo lo contrario. Si Dios ha servido de pretexto para dividirnos, el ateísmo debería de servir para dejarnos de creencias y centrarnos en las vivencias, para dejar de juzgar a alguien por lo que cree que hay después de la muerte y centrarnos en lo que hace en vida y me salen con un decálogo ¿o sea que si no lo llevo a cabo no soy un buen ateo y entonces me quedo en el limbo de las creencias?

Al final decidí seguir como estoy, me llevo bien con el Dios que vive en mi imaginación y tal vez en mi realidad etérea; estoy abierto a que los demás crean en el propio y vivo sin mandamientos ni sacramentos. Espero que la gente no se comporte como buen cristiano o como buen judío o como buen testigo o como buen lo que sea, sino como buena persona, como lo que entendemos debería ser un Ser Humano.

Miento, tengo un mandamiento, ese de amarse los unos a los otros me parece muy noble y altamente positivo.

Mi vecina me topo hoy en las escaleras y prefirió ver al piso, yo pasé con la frente en alto.

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